8M | Mujeres, discapacidad y cuidados
Las mujeres son mayoría en el mundo de la discapacidad y la dependencia.
Son mayoría entre quienes cuidan, entre muchas de las profesionales del sector y también entre quienes viven situaciones de discapacidad. Y, sin embargo, siguen siendo quienes soportan más barreras, más precariedad y más vulnerabilidad.
Los datos reflejan una realidad que no podemos ignorar.
En el ámbito laboral, las mujeres con discapacidad sufren una doble discriminación: por ser mujeres y por tener discapacidad. Su tasa de empleo apenas alcanza el 27,1%, frente al 72,8% de las mujeres sin discapacidad, y la tasa de inactividad supera el 64%. En la práctica, solo una de cada cuatro mujeres con discapacidad tiene empleo.
Cuando acceden al mercado laboral, además, lo hacen en condiciones más precarias. El 25,5% trabaja a tiempo parcial, más del doble que los hombres con discapacidad. A esto se suma una brecha salarial significativa: perciben de media 8.710 euros menos al año que los hombres sin discapacidad, una situación que contribuye a que más del 30% esté en riesgo de pobreza o exclusión social.
A esta desigualdad estructural se suma una realidad especialmente preocupante: la violencia machista. Las mujeres con discapacidad tienen hasta cuatro veces más riesgo de sufrir violencia de género. Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, el 40,4% de las mujeres con discapacidad ha sufrido violencia machista, y más de 200.000 mujeres en España atribuyen su discapacidad como consecuencia directa de esa violencia.
Pero hay otra realidad que muchas veces permanece invisible: el peso de los cuidados.
El sistema de cuidados en España sigue descansando, en gran medida, sobre los hombros de las mujeres. Madres, hijas, hermanas o parejas que asumen el cuidado diario de personas con discapacidad o en situación de dependencia, muchas veces renunciando a oportunidades laborales, a su independencia económica o incluso a su propio bienestar.
Por eso, hablar de discapacidad también es hablar de cuidados. Y hablar de cuidados implica reconocer una necesidad urgente: reforzar los recursos de apoyo y los servicios de respiro familiar.
Las familias cuidadoras necesitan apoyo real. Necesitan servicios que permitan descansar, conciliar, trabajar y vivir con dignidad. Necesitan un sistema que no dé por hecho que siempre habrá una mujer sosteniéndolo todo.
Los datos nos muestran claramente que no basta con ajustes puntuales. Es necesario avanzar hacia cambios estructurales que tengan en cuenta la realidad de las mujeres en el ámbito de la discapacidad y la dependencia.
Cambios que mejoren el acceso al empleo de las mujeres con discapacidad.
Cambios que garanticen recursos accesibles frente a la violencia.
Cambios que reconozcan y apoyen a quienes cuidan.
Cambios que refuercen los servicios de apoyo y el respiro familiar.
Porque si las mujeres son mayoría en el mundo de la discapacidad y los cuidados, el sistema también debe construirse pensando en ellas.
Este 8 de marzo es también una oportunidad para recordarlo: sin las mujeres, el sistema de cuidados no existe. Y por eso mismo, es hora de construir un sistema que también cuide de ellas.
Ante esta situación y con el objetivo de desarrollar iniciativas que contribuyan a mejorar la vida de todas las mujeres, ACIS irrumpe en el tejido social para dejar huella; para construir una estructura capaz de promover una transformación social real.